Estás frente al pasillo de vinos. Hay una botella con un caballo, otra con letras doradas y otra tan minimalista que probablemente cuesta más que tu cena. Tomas una, la volteas y lees palabras como Cabernet Sauvignon, Valle de Guadalupe, 2022, 13.5% Alc. Vol. lo primero que te viene a la mente es:

«Perfecto. No entendí absolutamente nada«.

Y entonces termina ganando la botella con la etiqueta más bonita o la que te recomendó el primo de un amigo.

No te juzgo. Todos hemos comprado algo porque “se veía bonito».

Pero aquí viene la buena noticia: la etiqueta de un vino sí puede darte pistas bastante útiles sobre lo que hay dentro de la botella. No necesitas memorizar regiones francesas impronunciables ni identificar 45 aromas mientras giras la copa dramáticamente. Solo necesitas saber dónde mirar.

En el artículo anterior hablamos de palabras como taninos, astringencia, cuerpo y vino seco. Ahora vamos a usar todo eso para algo más práctico: empezar a descubrir qué vinos te gustan y cómo volver a encontrarlos.

Porque decir “me gustó ese vino que tomé una vez en una cena” sirve de poco cuando no recuerdas absolutamente nada más.

No todo lo importante está en letras grandes

La parte frontal de una botella está diseñada para llamar tu atención. El nombre puede ocupar media etiqueta y tener un dibujo precioso.

Pero para conocer el vino, hay algunos datos que nos interesan mucho más:

Uva, región, añada y porcentaje de alcohol.

Piensa en ellos como una check list.

1. La uva: el punto de partida

Si apenas estás empezando a probar vinos, este es uno de los datos que más te conviene observar.

La uva puede darte una idea general del estilo que podrías encontrar.

Por ejemplo, un Cabernet Sauvignon suele tener más estructura y taninos marcados. Si recuerdas el artículo anterior, esto puede traducirse en esa sensación ligeramente seca o áspera que queda en la boca.

Un Pinot Noir, en cambio, normalmente va hacia estilos más ligeros y con taninos más suaves.

En blancos, un Sauvignon Blanc suele sentirse fresco y con buena acidez, mientras que un Chardonnay puede cambiar muchísimo dependiendo de cómo se elaboró: algunos son frescos y ligeros y otros más sedosos o con notas de barrica.

¿Significa que todos los que tengan esa uva saben igual?

No.

La uva te da una visión general .

El clima, región, elaboración, crianza y hasta la cosecha pueden cambiar mucho el resultado. Pero si empiezas a notar que disfrutas ciertos vinos de una misma uva, ya es un gran avance.

Ya no dirás «me gusta el vino tinto» (porque eso abarca DEMASIADO).

Puedes empezar a decir: «me gusta el vino tinto especialmente el Merlot, no siento que los taninos sean tan intensos.

2. La región

En México los principales nombres relacionados con vino son: Valle de Guadalupe, Valle de Santo Tomás, Parras o Querétaro, pero no son las únicas, para saber si una región es buena para producir vino hay algunos puntos importantes:

La región puede darte pistas sobre cómo será el vino porque la vid es bastante especialita con el lugar donde vive. No necesita un clima “perfecto”, pero sí ciertas condiciones que ayudan a que la uva madure bien y desarrolle sabores interesantes.

Una de las más importantes es el clima. La vid necesita suficiente sol y calor para que la uva madure y produzca azúcar, pero demasiado calor puede hacer que madure muy rápido y pierda parte de su acidez. Por eso muchas regiones vinícolas buscan ese equilibrio entre días soleados y noches más frescas.

Otro factor importante es la altura.

No existe una altura mágica que diga “a partir de aquí sale buen vino”, porque también depende de la latitud y del clima de cada zona. Pero los viñedos ubicados a mayor altitud suelen tener noches más frías y cambios de temperatura más marcados entre el día y la noche. Esa diferencia puede ayudar a que las uvas conserven mejor su acidez mientras maduran.

En otras palabras: mucho sol durante el día, pero por la noche la uva también quiere descansar.

También importa el suelo. La vid suele adaptarse bastante bien a terrenos donde otras plantas probablemente presentarían su renuncia. Suelos con buen drenaje ayudan a evitar que las raíces permanezcan constantemente empapadas y hacen que la planta tenga que esforzarse un poco más para encontrar agua y nutrientes.

Y hablando de agua, ese es otro punto clave. La vid necesita agua, claro, pero no necesariamente quiere vivir en una alberca. Demasiada humedad puede favorecer enfermedades y afectar la calidad de las uvas, mientras que muy poca agua también puede generar estrés excesivo en la planta.

Por eso dos vinos elaborados con Cabernet Sauvignon pueden sentirse completamente distintos aunque tengan exactamente la misma uva.

Así que cuando encuentres la región en una etiqueta, no la ignores.

Imagen creada con IA

3. La añada

El año que aparece en muchas botellas se llama añada y se refiere al año en que fueron cosechadas las uvas utilizadas para elaborar ese vino.

No significa necesariamente que el vino haya pasado tres años envejeciendo tranquilamente en una cava escuchando jazz.

Simplemente te habla de la cosecha.

¿Necesitas estudiar cómo estuvo el clima en cada región durante los últimos veinte años?

Por favor, no.

Cuando estás comenzando, basta con registrar el año de los vinos que pruebas. Más adelante podrías descubrir que prefieres ciertos estilos jóvenes o vinos con algo más de evolución.

Por ahora, piensa en la añada como otra pieza de información para recordar exactamente qué botella tomaste.

4. El porcentaje de alcohol

En alguna parte de la etiqueta encontrarás algo parecido a:

13% Alc. Vol.

Ese porcentaje también puede darte pistas sobre la sensación general del vino.

Los vinos con mayor graduación alcohólica pueden sentirse más cálidos y con mayor peso en boca, aunque el alcohol por sí solo no determina el cuerpo del vino.

Recuerda: hablamos de pistas, no de reglas.

Si pruebas varios vinos alrededor de 14% y notas que te resultan demasiado intensos, anótalo. Quizá descubras que disfrutas más estilos frescos y ligeros.

Tu paladar básicamente agarrando señal para poder armar TU check list.

¿Y dónde dice si es seco?

Aquí viene una pequeña trampa.

No todas las etiquetas van a escribir claramente.

Algunas sí indican categorías como seco, semiseco, semidulce o dulce, especialmente dependiendo del tipo de vino y del mercado. Pero muchas botellas no lo hacen de forma tan evidente.

Por eso es importante recordar algo del artículo anterior:

Seco no significa que te reseque la boca.

Un vino seco es, en términos sencillos, uno que tiene poca azúcar perceptible. Esa sensación que te deja la boca áspera puede venir más bien de los taninos y de la astringencia.

Entonces, si dices:

“No me gustan los vinos secos porque me dejan la boca como cartón”,

puede que el verdadero sospechoso sean los taninos.

Tu nueva misión en el supermercado

La próxima vez que compres vino, no intentes analizar toda la botella.

Haz algo mucho más fácil.

Antes de meterla al carrito, busca estas cinco cosas:

1. ¿Qué uva es?
2. ¿De qué región viene?
3. ¿Cuál es la añada?
4. ¿Qué porcentaje de alcohol tiene?
5. ¿Ya he probado algo parecido?

Después, cuando lo tomes, piensa:

¿Me gustó? ¿Era ligero o intenso? ¿Sentí muchos taninos? ¿Lo sentí fresco? ¿Lo volvería a comprar?

No necesitas escribir una reseña que diga “aromas de bosque húmedo después de una lluvia de otoño”.

Puedes poner:

“Me gustó. Frutal, no tan pesado y no me dejó la boca seca. Sí compraría otra botella.”

Eso ya sirve.

De hecho, sirve muchísimo más que aprenderte veinte palabras complicadas sin saber qué sabores disfrutas realmente.

Porque aprender de vino no debería consistir en memorizar lo que alguien más dice que es bueno. Se trata de empezar a reconocer lo que a ti te gusta.

Así que la próxima vez que estés frente al pasillo de vinos, puedes seguir fijándote en la etiqueta bonita. Somos humanos, tampoco vamos a fingir.

Pero ahora, antes de elegirla porque tiene un zorrito precioso dibujado, dale la vuelta.

Puede que la botella ya te esté contando mucho más de lo que pensabas.

Referencias

Consejo Mexicano Vitivinícola. (s. f.). Uva y vino mexicano. https://www.uvayvino.mx/

Organización Internacional de la Viña y el Vino. (2010). Definición de “terroir” vitivinícola. Resolución OIV/VITI 333/2010. https://www.oiv.int/es/node/3362

Organización Internacional de la Viña y el Vino. (2012). Directrices de la OIV de las metodologías del zonaje vitivinícola a nivel del suelo y del clima. Resolución OIV-VITI 423-2012. https://www.oiv.int/node/3271

Organización Internacional de la Viña y el Vino. (s. f.). OIV guide for the implementation of principles of sustainable vitiviniculture. https://www.oiv.int/

Wine & Spirit Education Trust. (2019). How to read wine labels: Common features on wine labels. https://www.wsetglobal.com/knowledge-centre/blog/2019/how-to-read-wine-labels-part-one-common-features-on-wine-labels

Secretaría de Economía. (2017). NOM-199-SCFI-2017, Bebidas alcohólicas: Denominación, especificaciones fisicoquímicas, información comercial y métodos de prueba. Diario Oficial de la Federación. https://www.dof.gob.mx