
Seamos honestas: todas hemos visto a un grupo de ciclistas en la gasolinera un domingo a las 7 de la mañana, forrados de licra fosforescente, caminando como pingüinos con unos zapatos que hacen clac clac en el piso. Y todas pensamos lo mismo: ¿por qué se visten así?
Pues les tengo el chisme completo. Desde que me subí a mi bici descubrí que nada de ese outfit es por moda (bueno, un poquito sí). Cada prenda tiene una razón de ser, y cambia muchísimo según si andas en carretera, en la montaña, en terracería o en la ciudad. Agárrense, que aquí va la pasarela.
El jersey (o maillot, si te quieres sentir en el Tour de Francia)
Primer dato para que no te agarren en curva: jersey y maillot son lo mismo. «Maillot» es la palabra en francés y en España, y «jersey» es como le decimos más acá. Así que si alguien te presume su maillot, no te dejes impresionar: es una playera.
Pero no cualquier playera. El jersey va pegadito al cuerpo por una razón muy simple: la tela suelta se infla con el viento como paracaídas y te frena. Además está hecho de telas que sacan el sudor, para que no termines empapada como si te hubiera caído un balde de agua.
Y lo mejor: tiene tres bolsas en la espalda. Ahí va todo tu bolso de mano versión deportiva: celular, gel, plátano, cámara de repuesto y, en mi caso, el bálsamo de labios. Los colores chillones tampoco son capricho; sirven para que los coches te vean desde lejos.
Bib shorts y culotte: el secreto mejor guardado (literalmente)
Aquí viene el chisme fuerte. El culotte es el short de licra de ciclismo, y el bib short es un culotte con tirantes, como overol de bebé. Sí, se ven rarísimos. Sí, son lo más cómodo del mundo.
Los tirantes sostienen el short sin resorte en la cintura, así que nada te aprieta la panza cuando vas agachada sobre el manubrio. Y adentro traen la famosa badana: un acolchado que amortigua y evita rozaduras después de horas en el asiento.
Y ahora sí, el secreto que nadie te cuenta: debajo del culotte no se usa ropa interior. Nada. Cero. Las costuras de los calzones son las que causan rozaduras, y la badana está diseñada para ir directo a la piel. Me tardé tres rodadas en creerlo y una semana en recuperarme por no hacer caso.
Pro tip de amiga: para ir al baño a medio camino, los bib shorts son un drama porque tienes que quitarte el jersey. Por eso ya existen modelos para mujer con cierre o tirantes que se bajan por atrás. Bendito sea quien los inventó.
El chaleco: el accesorio más infravalorado
Parece que no hace nada, pero el chaleco es tu mejor amigo en las bajadas. Cuando subes, sudas como si estuvieras en clase de spinning; cuando bajas a 50 km/h, ese sudor se enfría y te congelas. El chaleco corta el viento en el pecho, que es donde más pega, y deja los brazos libres para no asarte.
Los buenos son tan ligeros que se doblan y caben en una de las bolsitas del jersey. Muchos traen detalles reflejantes, así que también sirven para las rodadas de madrugada. En resumen: te lo pones para bajar, te lo quitas para subir, y así toda la mañana como si fuera cambio de vestuario en concierto.
Las zapatillas: el misterio del clac clac
Resuelto el enigma de la gasolinera: las zapatillas de ciclismo traen una pieza metálica o de plástico abajo, llamada cleat o calza, que se engancha al pedal. Sí, vas literalmente pegada a la bici. La primera vez da miedo, y sí, todas nos hemos caído parada en un semáforo porque se nos olvidó desengancharnos. Es casi un rito de iniciación.
¿Y para qué tanto drama? Porque la suela es rígida y la pierna empuja y jala el pedal en todo el giro, así no desperdicias energía. Ahora, no todas son iguales:
- De ruta: suela lisa y súper dura, con una calza grande de tres tornillos. Son ultraeficientes, pero caminar con ellas es como andar en tacones sobre hielo.
- De montaña y gravel: calza pequeña de dos tornillos, escondida dentro de una suela con tacos. Puedes bajarte a empujar la bici en una subida imposible sin resbalar (no que me haya pasado… bueno, sí).
- Urbanas: muchas veces son tenis normales con pedal plano. Llegar a la oficina sin sonar como caballo también es un lujo.
Las calcetas: donde vive el estilo
Si creías que las calcetas no importaban, prepárate para el drama. En el ciclismo son casi una declaración de personalidad: de colores, con estampados, a juego con el jersey o con un mensaje gracioso. Es el único lugar del outfit donde te puedes poner creativa sin perder aerodinámica.
Funcionalmente, son delgadas y de telas que respiran para que el pie no se cueza dentro de la zapatilla, y sin costuras gruesas que hagan ampollas. Y aquí el chisme más ñoño: en las carreras profesionales hay una regla oficial sobre qué tan altas pueden ser. No pueden pasar de la mitad de la espinilla. Sí, alguien se sentó a medir calcetas. El ciclismo es así de intenso.
La regla de oro: nunca, jamás, calcetas tobilleras invisibles. Entre ciclistas eso es peor que llegar a una boda de blanco.
Dime qué disciplina haces y te diré cómo te vistes
Aquí es donde se pone bueno, porque cada tribu ciclista tiene su dress code.
Ruta: las reinas de la licra
En carretera todo gira en torno a la velocidad, así que el outfit es lo más ajustado posible: jersey pegadito, bib short, chaleco para las bajadas y zapatillas rígidas de tres tornillos. En las contrarreloj llevan esto al extremo con el traje de una pieza, que parece traje de superhéroe y sirve para cortar el viento al máximo.
Montaña: las rudas del grupo
En el cross country (el de subir y bajar rápido por veredas) el look se parece al de ruta, pero con telas más resistentes porque las ramas y las caídas no perdonan. En cambio, en enduro y descenso cambia todo: shorts holgados encima de un culotte con badana, jerseys sueltos de manga larga, rodilleras, coderas y casco cerrado. Ahí nadie busca ser aerodinámica; la prioridad es llegar entera abajo.
Gravel: lo mejor de dos mundos
Mi categoría favorita (y no lo digo solo porque es la mía). El gravel es para terracería y caminos largos, entonces el outfit combina la comodidad de ruta con la resistencia de montaña. La estrella son los bib shorts con bolsas en las piernas para cargar más snacks, porque las rutas son eternas y no hay Oxxo en medio del cerro. Zapatillas de dos tornillos, telas más duras y colores tierra que disimulan el polvo. Práctico y con estilo.
Urbano: la ciclista que va al café
Para moverte por la ciudad no necesitas parecer de equipo profesional. Ropa normal, tenis y, si el trayecto es largo, un short interior con badana debajo de tu ropa. Nadie se entera y tus pompis te lo agradecen.
Moraleja de la pasarela
La próxima vez que veas a un ciclista caminando como pingüino en la gasolinera, ya sabes que no es pose: va con una badana que le salva la vida, unas zapatillas pegadas al pedal y un plátano en la bolsa de la espalda. Todo tiene su razón.
Y si te animas a subirte a una bici, no tienes que comprar todo de golpe. Empieza por un buen culotte y unas calcetas que te hagan feliz. Lo demás llega solito, junto con la adicción a pedalear los domingos a las 7 de la mañana. Avisadas están.