En la era de las redes sociales, la línea entre lo público y lo privado ya no solo es delgada: prácticamente ha desaparecido. El caso reciente de Taylor Swift, quien fue “cancelada” por la publicación de mensajes privados con su mejor amiga Blake Lively como prueba en el juicio que se está desarrollando entre los protagonistas de la película “Romper el círculo”, donde hablaban mal de otra persona, no es solo un escándalo más de celebridades. Es, en realidad, un espejo incómodo que refleja una verdad que muchos prefieren ignorar: todos hemos dicho cosas semejantes o peores en nuestros chats privados.

La indignación colectiva fue inmediata. Titulares, hilos en X, videos en TikTok y debates interminables cuestionaban la “doble moral” de Taylor, su imagen pública y su supuesto discurso de sororidad. ¿El delito? Criticar a alguien en una conversación privada con su mejor amiga. Algo que, seamos honestos, forma parte de la experiencia humana básica.
Porque aquí va la pregunta incómoda: ¿quién no ha hablado mal de alguien en un chat privado? ¿Quién no ha exagerado, juzgado o soltado comentarios que jamás diría en público? Si hoy se filtraran los mensajes de WhatsApp, iMessage o Instagram entre mejores amigos, parejas o grupos cerrados, el 90% de nosotros estaría “cancelado” en menos de una hora.
La cancelación de Taylor Swift no nace de un acto extraordinariamente cruel ni de un comportamiento ilegal o violento. Nace de algo cotidiano: la imperfección humana. Y ahí es donde la hipocresía se vuelve evidente. Vivimos en una cultura que exige pureza moral absoluta en figuras públicas, mientras justifica esos mismos comportamientos en la vida privada de las personas comunes.
El problema no es solo que Taylor haya criticado a alguien. El problema es que se atrevió a ser humana sin filtro, rompiendo con la imagen pulida y casi inalcanzable que el público espera de una estrella de su calibre. En otras palabras, no la cancelaron por lo que dijo, sino por dejar de encajar en el personaje idealizado que otros construyeron para ella.

La cultura de la cancelación suele justificarse como una herramienta de justicia social. En algunos casos, lo es. Sirve para señalar abusos reales, conductas dañinas y estructuras de poder que durante años quedaron impunes. Pero cuando se utiliza para castigar comportamientos privados que no generan un daño real, se convierte en algo mucho más peligroso: un ejercicio de superioridad moral colectiva.
Criticar a alguien en privado no es admirable, pero tampoco es un crimen. Es una conducta que nace del enojo, la frustración o simplemente de la necesidad de desahogo. Los chats privados existen precisamente para eso: para decir lo que no diríamos en voz alta, para procesar emociones sin la presión del juicio público. Pretender que las figuras públicas no tienen derecho a ese espacio es deshumanizarlas.
Además, hay una doble vara evidente. Cuando una persona “normal” habla mal de alguien, se entiende como algo cotidiano. Cuando lo hace una celebridad, se interpreta como una falla ética monumental. ¿Por qué? Porque proyectamos en ellas expectativas irreales. Queremos que sean referentes morales, modelos de conducta y símbolos de valores que ni siquiera nosotros cumplimos.
En este caso, la cancelación de Taylor Swift dice más del público que de ella. Dice que vivimos obsesionados con señalar errores ajenos para no enfrentar los propios. Que es más fácil indignarse en redes que aceptar que todos somos contradictorios, impulsivos y, a veces, injustos.
La pregunta final no debería ser “¿por qué Taylor dijo eso?”, sino “¿por qué fingimos que nosotros nunca lo hemos hecho?”. Tal vez la verdadera incomodidad del caso no está en sus palabras, sino en el reconocimiento silencioso de que podríamos haber sido nosotros.
Cancelar a alguien por ser humano no nos hace más éticos. Solo nos hace más hipócritas.

Y quizá, antes de exigir perfección absoluta a quienes están bajo el reflector, deberíamos revisar nuestros propios chats. Porque si algo queda claro en esta historia es que la cancelación no nace de la moral, sino del olvido selectivo.
Si quieres saber mas del tema, aquí te dejo un Reel.
