Hace no tanto tiempo, un trend podía acompañarnos durante meses. Una canción sonaba en todos lados, una moda se instalaba en el clóset colectivo y un meme sobrevivía lo suficiente como para volverse parte del lenguaje cotidiano. Hoy, en cambio, los trends nacen, explotan y mueren en cuestión de días. A veces incluso horas. Lo que ayer era “lo más”, hoy ya da cringe.
La pregunta es inevitable: ¿por qué los trends duran menos y por qué nos aburrimos tan rápido de ellos?
La respuesta no es simple, pero sí fascinante. Tiene que ver con cómo funciona nuestro cerebro, cómo operan las plataformas digitales y cómo vivimos en una cultura obsesionada con la novedad.
La dopamina: el combustible invisible de los trends
Cada vez que descubrimos algo nuevo, ya sea un video viral, una estética diferente, una canción pegajosa, nuestro cerebro libera dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la recompensa. El problema es que el cerebro es muy bueno adaptándose.
Lo que al inicio genera emoción, con la repetición se vuelve normal. Y cuando algo deja de sorprendernos, deja de estimularnos.Las redes sociales están diseñadas precisamente para explotar este sistema. El scroll infinito, los algoritmos personalizados y el flujo constante de contenido hacen que nuestro cerebro esté recibiendo microdosis de dopamina todo el tiempo. El resultado: necesitamos estímulos cada vez más nuevos y más intensos para sentir lo mismo. Por eso un trend se quema tan rápido: deja de ser “nuevo” en cuanto lo vemos demasiadas veces.
Sobreexposición: cuando lo viral se vuelve agotador
Antes, un trend se difundía lentamente. Hoy, se replica millones de veces en cuestión de horas. Todos hacen el mismo baile, usan el mismo audio, repiten el mismo chiste.
Lo que empieza como algo fresco termina convirtiéndose en ruido.
Esta sobreexposición genera fatiga. Nuestro cerebro, saturado de lo mismo, busca escapar. Así, lo que ayer nos hacía gracia hoy nos parece repetitivo o forzado. No es que el trend sea malo; es que lo vimos demasiado rápido y demasiadas veces.

La presión de estar siempre “al día”
Otro factor clave es la ansiedad cultural por no quedarse atrás. Vivimos con la sensación constante de que algo nuevo está pasando y que, si no lo vemos, nos lo estamos perdiendo. El famoso FOMO (Fear of Missing Out).
Esto nos empuja a consumir contenido de forma acelerada, sin pausas, sin profundidad. Saltamos de un trend a otro sin tiempo de procesarlos o disfrutarlos. Paradójicamente, cuanto más intentamos estar al día, menos satisfacción obtenemos. Todo se siente efímero, intercambiable y fácilmente descartable.
Algoritmos que premian la novedad, no la duración
Las plataformas no están diseñadas para que un trend dure, sino para que siempre haya otro listo para reemplazarlo. El algoritmo prioriza lo nuevo, lo que genera interacción inmediata, lo que retiene la atención unos segundos más.Cuando un trend empieza a perder engagement, deja de ser mostrado. No porque ya no guste, sino porque ya no rinde. Esto acelera su muerte y empuja a los creadores (y a los usuarios) a buscar constantemente la siguiente novedad.

La cultura de lo desechable
No solo los trends son más cortos; nuestra relación con el contenido también lo es. Vivimos en una cultura donde todo es rápido, inmediato y reemplazable. Series que se maratonean en un fin de semana, canciones que se escuchan dos semanas, modas que duran una temporada.
Esto afecta nuestra capacidad de asombro y de paciencia. Nos cuesta sostener el interés porque estamos entrenados para pasar página rápidamente. El aburrimiento aparece más rápido porque no nos damos tiempo de profundizar en nada.
¿Estamos más aburridos o más saturados?
Tal vez no es que nos aburramos más, sino que estamos exhaustos. Demasiada información, demasiadas tendencias, demasiadas expectativas de estar siempre entretenidos. El cerebro no fue diseñado para procesar tanto estímulo constante.
Por eso, a veces, lo que sentimos no es aburrimiento, sino cansancio mental. Y cuando estamos cansados, nada parece suficiente.

¿Se puede romper el ciclo?
No se trata de abandonar las redes ni demonizar los trends, sino de cambiar nuestra relación con ellos. Consumir con más intención, aceptar que no tenemos que estar en todo, permitirnos disfrutar algo aunque ya no sea “tendencia”.
Quizá el verdadero acto rebelde hoy no es crear el próximo trend, sino atreverse a quedarse un poco más con lo que todavía nos gusta, aunque el algoritmo ya haya pasado de moda.
Aquí te dejo un video que explica este tema.
