En los últimos años, una palabra se ha colado con fuerza en conversaciones digitales, titulares y debates culturales: nepobaby. El término es una combinación de nepotismo y baby, se usa para describir a personas que han alcanzado posiciones privilegiadas en industrias como el cine, la música, la moda o los negocios gracias a sus lazos familiares, más que a un camino construido desde cero. Y aunque el fenómeno no es nuevo, el rechazo social hacia los nepobabys parece estar más vivo que nunca.
Pero ¿por qué nos incomoda tanto que alguien “llegue lejos” por ser hijo, hija, sobrino o familiar de alguien poderoso? ¿Es solo envidia, como algunos argumentan, o hay razones más profundas detrás de este rechazo colectivo?
El nepotismo de siempre, con nombre nuevo
El nepotismo ha existido desde que existen las jerarquías sociales. Reyes heredando tronos, empresarios pasando imperios a sus hijos, políticos colocando a familiares en cargos clave. La diferencia es que hoy, gracias a las redes sociales y a una mayor conciencia sobre la desigualdad, estas dinámicas son más visibles y cuestionadas.
El término nepobaby se popularizó especialmente en el mundo del entretenimiento, cuando usuarios comenzaron a notar cuántos actores, cantantes o modelos exitosos eran hijos de celebridades, productores o figuras influyentes. Lo que antes se asumía como “normal”, hoy se analiza con lupa.

El mito del mérito
Una de las razones principales por las que los nepobabys generan rechazo es porque chocan directamente con una de las narrativas más arraigadas de nuestra sociedad: la meritocracia. Nos gusta creer que el esfuerzo, el talento y la disciplina son suficientes para triunfar. Cuando vemos a alguien avanzar más rápido por su apellido, esa creencia se tambalea.
No es solo que tengan oportunidades; es que muchas veces parten desde una línea de salida completamente distinta. Acceso a contactos, educación privilegiada, mentores de alto nivel y segundas (y terceras) oportunidades que la mayoría jamás tendrá. Frente a eso, el discurso de “todos pueden lograrlo si se esfuerzan” suena vacío.

No es odio personal, es hartazgo estructural
Es importante aclarar algo: el rechazo hacia los nepobabys no siempre es un ataque personal. Muchas personas reconocen que algunos sí tienen talento o han trabajado duro. El problema no es su existencia, sino el sistema que les facilita el camino mientras otros, igual de talentosos, quedan fuera por falta de conexiones.
La frustración surge cuando estas figuras niegan su privilegio. Cuando aseguran que “todo fue esfuerzo propio” o que “nadie les regaló nada”, el público reacciona con molestia. No porque tengan éxito, sino porque invisibilizan las ventajas estructurales que los llevaron ahí.
El acceso desigual a los sueños
Otro factor clave es la competencia. En industrias altamente saturadas, como el cine, la música o el arte, cada oportunidad cuenta. Cuando un nepobaby obtiene un papel, un contrato o una plataforma, inevitablemente alguien más queda fuera. Y muchas veces, ese alguien tiene menos recursos, menos respaldo y menos margen para fallar.
Esto alimenta la percepción de injusticia. No se trata solo de que “ellos tengan más”, sino de que su ventaja reduce las posibilidades de otros. En un mundo donde el acceso ya es limitado, el privilegio heredado se siente como una barrera más.

Redes sociales: el juicio público permanente
Las redes sociales han amplificado el debate. Antes, el origen familiar de una celebridad era un dato curioso; hoy puede convertirse en motivo de cancelación, burla o debate viral. TikTok, X e Instagram funcionan como tribunales culturales donde se discute quién “merece” estar donde está.
Este escrutinio constante también refleja un cambio generacional. Las generaciones más jóvenes tienden a cuestionar el poder heredado, exigir transparencia y señalar privilegios. El rechazo a los nepobabys es, en muchos sentidos, una crítica al sistema que los produce.
¿Se puede ser nepobaby y ganar legitimidad?
La respuesta corta es sí, pero no es automático. Muchos nepobabys logran cierto respeto cuando reconocen abiertamente su privilegio, demuestran preparación real y evitan ocupar espacios sin aportar valor. La honestidad suele desactivar parte del enojo social.
Aceptar que el apellido ayudó no borra el talento, pero sí humaniza el discurso. El problema no es nacer con ventajas, sino fingir que no existen.
Más allá del apellido
Al final, el debate sobre los nepobabys va mucho más allá de figuras individuales. Es una conversación sobre desigualdad, acceso, justicia y oportunidades reales. Nos incomoda porque nos recuerda que el punto de partida no es el mismo para todos y que el “sueño” no se reparte de forma equitativa.
Criticar el fenómeno no significa odiar a las personas, sino cuestionar un sistema que premia la herencia por encima del potencial. Y mientras esa desigualdad persista, el término nepobaby seguirá siendo más que una moda: será un síntoma de algo más profundo que aún no sabemos, o no queremos, resolver.
Aquí te dejo un video sobre este tema.
