Imagina que estás trabajando en un proyecto de millones de dólares. Llevas dos años dedicando tu vida a ello. De repente, ves que los archivos en tu pantalla empiezan a desaparecer uno por uno. Woody pierde su sombrero. Luego pierde sus botas. Luego, Woody desaparece por completo.
Esto no es una pesadilla abstracta; es exactamente lo que sucedió en los estudios de Pixar en 1998 durante la producción de Toy Story 2.
Por un error humano absurdo y una coincidencia milagrosa, una de las películas más queridas de la historia estuvo a punto de dejar de existir para siempre. Y no la salvaron los ingenieros de sistemas ni los millonarios ejecutivos de Disney. La salvó una mamá reciente y su Volvo.

El comando de la muerte: rm -r -f *
Todo comenzó en una tarde cualquiera en Richmond, California. Un animador, cuyo nombre Pixar ha mantenido en anonimato (probablemente para proteger su integridad física y mental), quería limpiar algunos archivos basura de su carpeta personal. El problema es que, en el sistema operativo UNIX que usaban (Linux), los comandos son literales y despiadados. El animador escribió el comando:
(/bin/rm -r -f *) Para los no informáticos, esto significa:
- rm: Remove (Borrar).
- -r: Recursive (Entra en todas las carpetas y subcarpetas).
- -f: Force (No me preguntes confirmación, solo hazlo).
- *: Todo.
El error fatal fue dónde ejecutó este comando. No estaba en su carpeta personal; estaba en el directorio raíz («root») de la película. Oren Jacob, el director técnico asociado de la película, estaba mirando la lista de archivos de Woody cuando notó algo extraño. «Estaba viendo el directorio y de repente había 40 archivos. Luego miré de nuevo y había 4», contó años después.
El pánico se apoderó de la sala. «¡Desenchufen la máquina! ¡Desenchufen todo!», gritó Jacob. Corrieron a la sala de servidores y tiraron de los cables físicamente, pero la velocidad de las computadoras fue más rápida que sus piernas. Cuando lograron apagar el sistema, el 90% de la película había desaparecido. Escenarios, personajes, iluminación, dos años de trabajo incansable… todo se había esfumado en segundos.

La segunda catástrofe: El backup no existe
«No pasa nada», pensaron los ejecutivos. «Para eso tenemos copias de seguridad».
Pixar era una empresa de tecnología de punta; tenían un sistema de cintas de respaldo automático. Respiraron aliviados y fueron a restaurar la copia. Y aquí es donde la historia se convierte en una película de terror.
Al intentar restaurar los datos, descubrieron que el sistema de copias de seguridad había fallado hacía un mes. El archivo de la película había crecido tanto (llegando a 4 gigabytes, una monstruosidad para 1998) que el software de backup había colapsado silenciosamente. En lugar de guardar la película, había estado guardando errores vacíos. No había película. No había backup. Disney tenía una fecha de estreno inamovible. Pixar estaba, técnicamente, arruinada.

La salvadora: Galyn Susman y su bebé
En medio de la sala de conferencias, donde los hombres más brillantes de la animación estaban sentados con la cabeza entre las manos, una mujer levantó la mano. Era Galyn Susman, la directora técnica supervisora.
«Tengo una copia en casa», dijo.
Meses antes, Galyn había dado a luz a su segundo hijo, Eli. Para poder cuidar al bebé y seguir trabajando, Pixar le había instalado una estación de trabajo Silicon Graphics en su casa y le habían configurado una conexión especial para que recibiera las actualizaciones del código del árbol de archivos de la película. Su computadora, y solo su computadora, tenía la única versión casi completa de Toy Story 2 en todo el planeta.
La Misión: Operación Volvo
Lo que siguió fue la misión de transporte más nerviosa de la historia de Silicon Valley. Oren Jacob y Galyn Susman subieron al Volvo de ella y condujeron hasta su casa.
Entraron, desconectaron la torre de la computadora y, en lugar de meterla en una caja, la trataron como a un recién nacido. La envolvieron en mantas y edredones acolchados. La colocaron en el asiento trasero del coche y le pusieron el cinturón de seguridad. Galyn conducía despacio, evitando cada bache, mientras Oren iba atrás vigilando la torre. «Si chocamos o frenamos fuerte y el disco duro se daña, se acabó», pensaban. Esa torre valía más de 100 millones de dólares en ese momento.
Llegaron al estudio. Ocho hombres salieron al estacionamiento con una tabla de madera contrachapada y cargaron la computadora como si fuera el Arca de la Alianza o un faraón egipcio, caminando con pasos suaves hasta la sala de servidores. La encendieron. Contuvieron la respiración. Los archivos estaban ahí. Durante los siguientes días, el equipo trabajó sin dormir («La semana de la resurrección», la llamaron) para restaurar, verificar y limpiar los archivos. Habían recuperado la película.

La ironía final
Lo más curioso de esta historia es el epílogo. Gracias a Galyn Susman, Toy Story 2 se salvó de la eliminación digital. Pero meses después, los directores (John Lasseter y su equipo) miraron la película terminada y decidieron que… no era lo suficientemente buena. La historia era floja. Así que, voluntariamente, borraron gran parte de lo que habían recuperado y rehicieron la película casi desde cero en una carrera contra el reloj de nueve meses.
Sin embargo, sin la copia de seguridad de Galyn, no habrían tenido ni siquiera la base técnica (los modelos, los esqueletos de los personajes, los escenarios) para hacer esa reconstrucción.
Hoy, cuando veas a Jessie la vaquera o escuches la canción «When She Loved Me», recuerda que existen gracias a que una madre necesitaba trabajar desde casa para cuidar a su bebé. En un mundo dominado por hombres y máquinas, fue la maternidad lo que salvó a Pixar.
Si quieres ver la recreación exacta de cómo envolvieron la computadora en mantas y la trataron como a un faraón egipcio para salvar la película, aquí tienes la historia completa.
