¿Alguna vez has tenido la extraña sensación de que internet se ha vuelto… repetitivo?

Entras a Twitter (X) y los comentarios debajo de una noticia viral parecen copias exactas unos de otros. Abres Instagram y ves rostros tan perfectos que rozan lo inquietante. Navegas por Facebook y te encuentras con miles de «Me gusta» en una imagen generada por IA de un Jesús hecho de camarones.

Durante años, pensamos que internet era una plaza pública gigante donde millones de humanos discutían, compartían y creaban. Pero hay una teoría que está ganando tracción, una que transforma esa plaza pública en un pueblo fantasma poblado por hologramas: La Teoría del Internet Muerto.

La premisa es sencilla y aterradora: Internet «murió» hace años (alrededor de 2016 o 2017). Lo que navegamos hoy no es una red de personas, sino un ecosistema zombi donde la mayor parte del contenido es creado por Inteligencia Artificial, consumido por bots y validado por algoritmos, en un bucle infinito donde los humanos somos meros espectadores.


La Evidencia: Los Números no Mienten

Si esto te suena a conspiración de sombrero de aluminio, revisemos los datos. Informes de ciberseguridad, como el de la empresa Imperva, han señalado consistentemente que casi la mitad del tráfico global de internet (alrededor del 47% al 50%) no es humano. Son bots. Originalmente, estos bots eran simples indexadores de Google o scripts maliciosos. Pero hoy, han evolucionado. Ahora tienen «personalidades».

Imagina una granja de clics en algún sótano lejano. Miles de teléfonos conectados ejecutando scripts que ven videos de YouTube, dan «like», comentan «¡Gran video!» y se suscriben entre ellos. ¿El objetivo? Inflar métricas para engañar a los anunciantes. El resultado es una economía inflada donde el valor monetario se basa en interacciones que nunca ocurrieron realmente.


El Bucle de Retroalimentación: IA Hablando con IA

Lo que hace que la Teoría del Internet Muerto sea verdaderamente distópica en 2026 es la irrupción de la Inteligencia Artificial generativa. Antes, los bots solo compartían contenido humano. Ahora, los bots crean el contenido.

El ejemplo más grotesco de esto es el fenómeno del «Facebook Zombie». Si has entrado recientemente, habrás visto imágenes absurdas generadas por IA (niños africanos construyendo Ferraris con botellas de plástico, figuras religiosas hechas de espagueti) con cientos de miles de likes y comentarios que dicen «Amén» o «Qué talento». Aquí está el terror existencial:

  1. Una IA genera la imagen.
  2. Un ejército de bots le da «like» para inflar la cuenta.
  3. Otros bots comentan para generar «engagement».
  4. El algoritmo de la plataforma, al ver tanta actividad, lo promociona en el feed de los pocos humanos que quedan.

Es un uróboros digital: una serpiente comiéndose su propia cola. Nadie vio la foto, a nadie le gustó la foto, y nadie escribió el comentario. Es tráfico vacío generando dinero publicitario vacío.


La Ilusión del Consenso y la Muerte de la Cultura

Si el problema se limitara a fotos de gatos falsos, sería anecdótico. El peligro real surge cuando aplicamos esto a la opinión pública. ¿Recuerdas esa discusión acalorada en Twitter sobre política? ¿Estás seguro de que la otra persona existía?

La «Teoría del Internet Muerto» sugiere que gran parte de la polarización social es fabricada. Redes de bots pueden ser programadas para posicionar temas (Trendings Topics) artificialmente, creando una ilusión de consenso. Si ves 10,000 comentarios atacando una película, asumes que la película es mala. Pero si 8,000 de esos comentarios fueron generados por una granja de bots contratada por la competencia, tu percepción de la realidad ha sido hackeada.

Esto lleva a una homogeneización cultural. Si los algoritmos solo premian lo que ya es viral, y lo viral es decidido por bots, la creatividad humana muere. Todo empieza a sonar igual, a verse igual y a sentirse igual, porque está optimizado para máquinas, no para personas.


Los Influencers que No Existen

El último clavo en el ataúd de la realidad son los influencers virtuales. Perfiles como Lil Miquela o Aitana López (la modelo española creada por IA) acumulan millones de seguidores y contratos millonarios con marcas reales.

Las marcas prefieren a estos «humanos sintéticos». No se cansan, no envejecen, no tienen escándalos y dicen exactamente lo que el contrato estipula. Estamos llegando a un punto donde personas falsas venden productos reales a bots que fingen ser compradores. El humano real ha sido eliminado casi por completo de la ecuación económica.


La Prueba de Turing Inversa

Antiguamente, la prueba de Turing servía para ver si una máquina podía pasar por humana. Hoy, vivimos en una Prueba de Turing Inversa: nosotros, los humanos, tenemos que demostrar constantemente que no somos robots. Tenemos que marcar casillas que dicen «No soy un robot» para entrar a nuestro correo. Tenemos que escribir de formas extrañas para evadir la censura algorítmica. Nos estamos volviendo más mecánicos para sobrevivir en un entorno de máquinas.

Quizás internet no esté «muerto» en el sentido técnico, pero su alma —esa conexión caótica, humana y vibrante de los años 2000— se está desvaneciendo. La próxima vez que dejes un comentario o des un like, detente un segundo y pregúntate: ¿Hay alguien al otro lado de la pantalla recibiéndolo? ¿O simplemente le estás gritando al vacío digital, esperando que el eco te responda?

Tal vez, y solo tal vez, tú eres el único humano que queda en tu timeline.

Si tienes el estómago para ver cuán profunda es la madriguera (y por qué esto ya no es teoría, sino tu realidad actual), deja que Dross te quite el sueño con su análisis.