Durante décadas, ir al cine fue mucho más que ver una película: era una cita, una tradición familiar, una salida con amigos. Pero la llegada de plataformas como Netflix, Disney+, Max y Prime Video cambió las reglas del juego. Hoy, miles de estrenos se hacen desde casa, con pantuflas puestas y sin pagar boletos caros.
La pandemia de 2020 solo aceleró ese cambio. Con las salas cerradas por meses, los estudios se vieron obligados a lanzar sus películas en digital, y el público se acostumbró a la comodidad del “cine en casa”. Aunque muchos cines reabrieron, el número de asistentes nunca volvió del todo a los niveles pre-pandemia.

El streaming como competencia imparable
Los servicios de streaming no solo ofrecen comodidad: también ofrecen cantidad. Por el precio de dos boletos de cine puedes acceder a miles de películas y series durante todo un mes. Esto ha generado una nueva relación con el contenido: vemos más, pero con menos atención.
Además, muchas plataformas producen su propio contenido, lo que reduce la dependencia de los grandes estudios de Hollywood hacia los cines. Ya no necesitan tanto a las salas como antes. Ejemplos como Roma de Alfonso Cuarón o Glass Onion de Rian Johnson mostraron que una película puede ganar premios importantes incluso sin una corrida comercial masiva en cines.

¿Por qué la gente va menos al cine?
El precio es un factor clave. Las entradas, los snacks y el transporte pueden convertir una salida en una experiencia cara. Además, la inseguridad en algunas ciudades o el simple hecho de que no todos quieren compartir sala con gente que revisa el celular o habla durante la función, hacen que muchos prefieran ver todo desde casa.
También han cambiado los hábitos culturales. Las generaciones más jóvenes están acostumbradas a consumir contenido en clips, en TikTok, en YouTube… y muchas veces ni siquiera ven películas completas. Eso hace que el cine tradicional parezca, para algunos, una experiencia “larga” o incluso “anticuada”.
¿Entonces sí van a desaparecer?
No necesariamente. Aunque los cines han perdido fuerza, aún tienen un valor emocional y cultural muy grande. Ir al cine sigue siendo una experiencia distinta: ver una película en una pantalla gigante, con sonido envolvente, sin interrupciones, puede ser algo inolvidable.
Además, hay películas que simplemente están hechas para verse en pantalla grande. Producciones como Dune, Top Gun: Maverick o cualquier entrega de Avengers se disfrutan muchísimo más en una sala. Por eso, mientras haya contenido que justifique esa experiencia inmersiva, las salas seguirán vivas, aunque tal vez en menor cantidad o con un enfoque distinto, ya que aún hay niños o incluso adultos que viven con la ilusión de ver su película más esperada en una sala de cine. Estas salas son más que un lugar, son un espacio en donde puedes experimentar y sentir la película de diferente forma.

¿Cuál es el futuro de los cines?
Lo más probable es que los cines no desaparezcan, pero sí evolucionen. Ya se están viendo cambios: complejos que ofrecen salas VIP, funciones interactivas, salas IMAX con Dolby Audio o incluso con pantallas Screen X, festivales temáticos, premieres de estrenos, maratones de películas clásicas o colaboraciones con eventos como el Eras Tour de Taylor Swift.
El cine como evento especial y no como consumo cotidiano podría ser la nueva norma. Es decir, ya no se irá al cine cada semana, pero sí en ocasiones especiales donde la experiencia lo amerite. Incluso podríamos ver más fusiones con la música, los videojuegos o la realidad aumentada.

Échale un vistazo a este interesante video… CINE vs STREAMING:
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