No sabemos si llegamos muy temprano a la fiesta o si ya estamos entrando cuando el vecino llamó a la patrulla emocional. Lo único claro es que esperamos no haber llegado demasiado tarde a recomendar esta cosa brutal, descarnada y fuera de serie que es Támara Beller.
Porque sí: hay artistas que sacan canciones. Y hay artistas que te sacan las tripas.
Támara pertenece peligrosamente al segundo grupo.
Un blue monday convertido en exorcismo personal
Lo que hace no es R&B. No es blues. No es neo romantic wave ni ninguna etiqueta inventada por un editor desesperado de Spotify a las 3 de la mañana. Es una mezcalina de géneros. Un cóctel sonoro que parece haber sido preparado en un laboratorio emocional clandestino.
Escucharla es como abrir la puerta de tu cuarto un lunes gris —de esos donde sientes que el mundo pesa 300 kilos— y que de pronto alguien te aviente una ola de sonido que te arrastra directo al centro de ti mismo. No a la versión cool y curada para Instagram. Al centro incómodo. Al que huele a recuerdos que creías archivados en el sótano.
Tres canciones. Solo tres. Y bastan para que termines diciendo:
—Madres, ¿qué chingados acabo de oír… y por qué me está doliendo tan rico?
Támara no te canta para acompañarte. Te canta para descomponerte. Te desmonta la mente pieza por pieza y luego, cuando ya estás emocionalmente en ruinas, te guiña el ojo y te regala una sonrisa sonora que te hace pensar que quizá sentir todavía vale la pena.
El cochambre emocional que nadie quiere limpiar
Vivimos anestesiados. Playlists diseñadas para no incomodar. Algoritmos que te sirven exactamente lo que ya sabes que te gusta. Música que no arriesga nada porque no quiere perder seguidores.
Y de pronto aparece alguien que decide no obedecer la fórmula.
Támara Beller no parece interesada en ser cómoda. Su propuesta tiene esa vibra peligrosa de quien todavía cree que el arte es para remover el cochambre emocional que acumulamos año con año. Ese que bloqueamos con rutinas, con scroll infinito, con conversaciones superficiales.
Su sonido no busca gustarte. Busca atravesarte.
Y eso —en estos tiempos— ya es casi un acto revolucionario.
La intuición que nos recuerda a PJ Harvey
En nuestra imaginación hay un puente invisible que conecta lo que hace Támara con los primeros pasos de PJ Harvey. No porque suenen igual. No porque compartan género. Sino por esa sensación de libertad cruda, de sinceridad sin filtro, de “esto soy, te guste o no”.
Imagínate haberte topado con PJ en sus inicios, cuando todavía no era leyenda sino una fuerza rara, intensa, incómoda. Esa sensación de descubrimiento precoz. De “yo la escuchaba antes de que explotara”.
Eso es lo que sentimos aquí.
Y sí, quizá estamos apostando. Pero Tigrepop siempre ha sido más de apostar por lo que vibra auténtico que por lo que ya viene validado por el algoritmo.
Tres canciones no definen una carrera… pero sí una advertencia
Obviamente tres tracks no construyen una biografía completa. No definen una era. No garantizan un Grammy ni una portada en Rolling Stone.
Pero sí alcanzan para advertir algo:
Cuando esto esté listo —el álbum, el proyecto completo, el monstruo sonoro que parece estar gestándose— va a ser descomunal. Va a ser incómodo. Va a ser de otro planeta.
Y tú no vas a querer decir que te enteraste tarde.
Porque hay artistas que pasan. Y hay artistas que te cambian la perspectiva completa de la realidad por 3 minutos y medio.
Desde aquí te lo decimos sin ironía (bueno, casi sin ironía): síguele la pista. Donde quiera que te la encuentres. En un live pequeño. En una playlist escondida. En el algoritmo que por una vez hizo algo bien.
Hay algo creciendo ahí.
Y cuando explote, vas a querer haber estado desde el inicio.
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Tamara Beller emerges as a raw, genre-blending force in alternative music. With only a few released tracks, she delivers an emotionally intense experience that challenges traditional R&B labels. This article explores her sonic identity, her emotional depth, and why she could become one of the most disruptive new voices in Mexico’s alternative scene.
