Existe un chiste recurrente en internet que ya se ha convertido en ley: «Los Simpson ya lo hicieron». Desde la presidencia de Donald Trump hasta la compra de Fox por parte de Disney, la familia amarilla parece tener una bola de cristal en la sala de guionistas. Sin embargo, la mayoría de estas «predicciones» son gags visuales de tres segundos en episodios olvidados.
Pero hay una excepción. Una obra que no solo predijo un evento, sino que dibujó con exactitud aterradora el estado psicológico y político del mundo moderno. Hablamos de Los Simpson: La Película (2007). Al volver a verla hoy, casi dos décadas después, la cinta deja de ser una comedia ligera para convertirse en un documental animado sobre nuestros dos miedos más grandes del siglo XXI: el aislamiento global forzoso y la muerte total de la privacidad.

El Domo: La madre de todos los confinamientos
En 2007, la trama principal de la película parecía una exageración caricaturesca: para contener una crisis ambiental provocada por Homer, el gobierno de los Estados Unidos (encabezado por la EPA) decide encerrar a toda la ciudad de Springfield bajo un domo de cristal irrompible.
En ese momento, el público se rio. Era absurdo. ¿Encerrar a una población entera? ¿Aislarla del resto del mundo físico? Pero avancemos hasta marzo de 2020. De repente, el «Domo» dejó de ser una estructura de vidrio y se convirtió en una realidad invisible. La película predijo con exactitud la psicología del confinamiento. Dentro del domo, vemos las fases que todos vivimos durante la pandemia:
- Negación y confusión: Los ciudadanos no entienden por qué están encerrados.
- Pánico por los recursos: En la película, los suministros se cortan y la gente entra en histeria (¿recuerdas el papel higiénico?).
- La turba iracunda: La sociedad civil se desmorona rápidamente, buscando culpables (Homer) a quienes linchar, una metáfora perfecta de la cultura de la cancelación y la polarización social que se disparó durante el encierro.
La imagen de Springfield separada del mundo, donde «nadie entra y nadie sale», es la representación visual más potente de las cuarentenas globales. Matt Groening y su equipo entendieron que la mayor amenaza para la sociedad no era el «monstruo» (la contaminación o el virus), sino la respuesta draconiana de las autoridades y la locura que se desata cuando nos quitan la libertad de movimiento.

La NSA: Un chiste que se volvió realidad
Si el domo representa el miedo físico, la subtrama de la familia fugitiva representa el miedo digital. Y aquí es donde la película pasa de ser «curiosa» a ser proféticamente exacta.
Hay una escena clave: Los Simpson han logrado escapar del domo y están en un tren hacia Alaska. Marge, tratando de calmar a la familia, dice en voz alta: «Al menos estamos fuera del domo y nadie puede escucharnos». Corte inmediato a una sala oscura llena de monitores y agentes del gobierno. Es la NSA (Agencia de Seguridad Nacional). Un agente aburrido escucha la conversación de Marge en tiempo real, presiona un botón, y un satélite localiza a la familia al instante. El jefe de la EPA, Russ Cargill, entra en escena y dice: «Perfecto, arrestenlos».
En 2007, esto era una sátira. Era una burla a la «Patriot Act» de George W. Bush. La audiencia se rio pensando: «¡Jaja, qué exagerados! El gobierno es demasiado incompetente para escuchar a cada ciudadano promedio en un tren». Seis años después, en 2013, Edward Snowden filtró los documentos clasificados de PRISM y XKeyscore. Y la risa se nos congeló en la cara. Snowden confirmó exactamente lo que la película mostró como broma: la NSA no solo espiaba a terroristas; tenía la capacidad de recolectar y analizar comunicaciones masivas de ciudadanos comunes, en tiempo real, sin órdenes judiciales específicas.
La película acertó en la tecnología y en la indiferencia. En la escena, los agentes de la NSA no están buscando a Bin Laden; están escuchando a una madre de familia hablar de sus sentimientos. Esa banalidad del mal, esa intrusión absoluta en la privacidad doméstica, fue predicha por Homero Simpson años antes de que supiéramos qué era un «whistleblower».

El gobierno ha perdido su credibilidad
Finalmente, la película cierra su círculo profético con una de las frases más brillantes y cínicas de la historia del cine de animación. Para «vender» la idea de destruir Springfield y crear un nuevo Gran Cañón, el gobierno sabe que la gente no confiará en un político. Así que contratan a Tom Hanks. En el anuncio comercial dentro de la película, Hanks aparece y dice: «Hola, soy Tom Hanks. El gobierno de los Estados Unidos ha perdido su credibilidad, así que me han pedido prestada un poco de la mía».
Esta frase resume la crisis institucional de la última década. Vivimos en una era de Fake News, desconfianza en las vacunas, desconfianza en las elecciones y odio hacia las instituciones. La película entendió, mucho antes de la era de la posverdad, que la sociedad moderna ya no cree en la autoridad. Solo creemos en el entretenimiento.
El hecho de que hoy en día miremos a celebridades, influencers y actores para formar nuestras opiniones políticas, mientras ignoramos los comunicados oficiales, confirma que Springfield no es una ciudad ficticia. Es un espejo.

Las tendencias
Decir que Los Simpson predicen el futuro es simplificar el genio de sus escritores. No es magia; es observación sociológica radical. La película de 2007 no adivinó una pandemia ni leyó los correos de la NSA. Lo que hizo fue analizar las tendencias más oscuras del poder (el control total y la vigilancia masiva) y llevarlas a su conclusión lógica. El problema es que la realidad, en su afán de superar a la ficción, decidió usar el guion de la familia amarilla como manual de instrucciones.
La próxima vez que veas el domo cubriendo Springfield, no te rías tanto. Recuerda que durante dos años, nosotros también estuvimos debajo de uno.
Pero el espionaje y el domo no fueron los únicos momentos turbios de la familia amarilla; si quieres conocer los capítulos de la serie que Fox casi prohíbe por ser demasiado perturbadores, aquí tienes la lista prohibida.
