Cuando pensamos en grandes obras de arte, nuestra mente viaja inmediatamente a los pasillos silenciosos del Museo del Louvre, al MoMA de Nueva York o al Museo del Prado. Imaginamos lienzos enmarcados en oro, esculturas de mármol y guardias de seguridad pidiendo que no te acerques demasiado.
Sin embargo, es muy probable que una de las piezas de arte surrealista más exitosas y reproducidas del siglo XX haya estado en el bolsillo de tu pantalón, en el fondo de tu mochila o, literalmente, en tu boca.
El inconfundible logo de Chupa Chups, con sus letras rojas y su fondo amarillo en forma de margarita, no fue creado por una aburrida agencia de publicidad. Fue diseñado por el mismísimo maestro de los relojes derretidos y los bigotes imposibles: Salvador Dalí.

El problema de las manos pegajosas
Para entender cómo un genio del arte terminó dibujando el empaque de una golosina, primero hay que conocer al hombre que inventó el caramelo.
A finales de la década de 1950, el empresario catalán Enric Bernat observó algo obvio pero ignorado por la industria de los dulces: a los niños les encantaban los caramelos, pero tenían la mala costumbre de sacárselos de la boca con las manos para hablar o ver cuánto se habían consumido. El resultado era un desastre de dedos pegajosos y ropa manchada. Bernat tuvo una epifanía. Decidió que el mundo necesitaba un caramelo que se pudiera comer «como si tuviera un tenedor». Así nació la idea de ponerle un palo a una bola de caramelo.
Al principio, el producto se llamó «Gol» (imaginando que el caramelo era el balón y la boca abierta de los niños, la portería). No funcionó. Luego contrató a una agencia que le propuso el nombre «Chups». Gracias a un pegadizo anuncio de radio que decía «Chupa un dulce caramelo, chupa, chupa, chupa Chups», la gente empezó a pedirlo en las tiendas como «Chupa Chups». El nombre estaba listo, pero el imperio apenas comenzaba.

Una taza de café, una servilleta y una tarifa millonaria
Saltamos al año 1969. El Chupa Chups era un éxito rotundo en España, pero Enric Bernat tenía la mirada puesta en la dominación mundial. Quería exportar su invento a Europa y al resto del planeta, y sabía que el empaque actual era demasiado soso para llamar la atención a nivel internacional. Necesitaba un logotipo poderoso, icónico y universal. Bernat, que era un hombre con excelentes contactos, decidió ir a lo grande. Viajó a Figueres, en Girona, para reunirse con un buen amigo suyo: Salvador Dalí.
Dalí nunca le hizo ascos a mezclar el arte con el comercio. De hecho, el fundador del movimiento surrealista, André Breton, le había puesto el apodo de «Avida Dollars» (un anagrama de su nombre) por su amor al dinero. Dalí hacía anuncios de televisión para chocolates, diseñaba botellas de perfume y adoraba la publicidad.
Mientras tomaban un café, Bernat le explicó su problema. Dalí, fiel a su estilo excéntrico y rápido, no pidió un estudio de mercado ni semanas de investigación. Pidió un periódico que estaba en la mesa (otras versiones de la leyenda afirman que fue una simple servilleta de papel), sacó un bolígrafo y en apenas una hora comenzó a garabatear.

La regla de oro del diseño
Dalí integró el nombre «Chupa Chups» dentro de la forma de una margarita amarilla con los bordes rojos. Era brillante, alegre y recordaba a los colores de la bandera española, lo que le daba identidad.
Pero el verdadero golpe de genialidad del pintor no fue la forma de la flor, sino la instrucción estricta de dónde debía colocarse. Dalí le dijo a Bernat: «El logo tiene que ir en la parte superior del caramelo, no en el lateral».
Hasta ese momento, los logotipos se imprimían a un lado del envoltorio. Cuando el papel se retorcía para cerrar el caramelo, el diseño se arrugaba, se deformaba y se volvía ilegible. Al colocar la margarita de Dalí justo en la cima de la esfera, el logo se mantenía plano, perfectamente centrado y siempre a la vista. Era una clase magistral de diseño industrial y branding visual. No importaba cómo estuviera colocado el caramelo en el exhibidor de la tienda, la margarita te miraba fijamente, exigiendo tu atención.

El arte en la cultura de masas
El diseño costó una fortuna para la época, pero fue la mejor inversión que Enric Bernat hizo en su vida. Gracias a esa pequeña margarita, el Chupa Chups se convirtió en el primer caramelo consumido en el espacio exterior (llevado por astronautas rusos en 1995) y en un ícono de la cultura pop consumido por celebridades que iban desde Madonna hasta Johan Cruyff.
A menudo, la historia del arte subestima este tipo de trabajos comerciales. Andy Warhol se hizo famoso por tomar objetos de los supermercados, como las latas de sopa Campbell’s, y meterlos en los museos. Salvador Dalí hizo exactamente lo contrario: tomó su arte y lo sacó de los museos para meterlo en todos los supermercados, quioscos y bolsillos del mundo.
Hoy en día, el diseño original de la margarita ha sufrido ligeras modificaciones tipográficas para modernizarlo, pero la esencia, la forma y la ubicación dictadas por el maestro del surrealismo siguen intactas. La próxima vez que vayas a la tienda y compres uno de estos caramelos, tómate un segundo para mirarlo antes de abrirlo. No solo estás a punto de comer azúcar; tienes entre tus dedos la obra de arte más distribuida, exitosa y vista en toda la historia de la humanidad. Y todo comenzó con un café y una servilleta.
Si te cuesta creer que el máximo exponente del surrealismo se encargó de la imagen de tu dulce favorito de la infancia, en este corto video puedes ver exactamente cómo fue el proceso y la evolución de ese boceto original.
