Las romcoms
ya no son como las de los 2000s
Cuando las romcoms mandaban
Hubo una época —los gloriosos 2000— en la que las comedias románticas no pedían permiso para existir. No necesitaban trauma profundo, ni giros oscuros, ni discursos sobre lo rota que está la generación. Solo necesitaban dos personas con química, diálogos ingeniosos y una excusa narrativa para que se encontraran (y se perdieran) un par de veces antes del final feliz.
Eran películas que veías sin culpa. Que repetías. Que citabas. Que te hacían creer que conocer a alguien en el momento equivocado podía convertirse, eventualmente, en la historia.

¿Por qué ya no se hacen romcoms como antes?
Hollywood decidió que el romance ya no vendía.
Que no daba premios.
Que no generaba conversación “seria”.
El amor se volvió drama. La comedia se volvió sarcasmo. Y las romcoms quedaron etiquetadas como “contenido ligero”, casi infantil, como si sentir no fuera suficiente razón para contar una historia.
Además, seamos honestas: vivimos cansadas. Dating apps, ghosting, relaciones sin nombre, vínculos que duran lo mismo que un chat archivado. El amor ya no se siente como promesa, sino como riesgo.
¿Resultado? Historias románticas más frías, más irónicas, más “realistas”… pero también menos memorables.

El regreso inesperado: la historia de la que todos hablan
Y justo cuando pensábamos que ya no queríamos romance, boom. Internet empezó a hablar —otra vez— de Las personas que conocemos en vacaciones.
No es nueva.
No es polémica.
No tiene plot twist viral.
Y aun así, está en todas partes.
¿Por qué? Porque se siente como una romcom de los 2000… pero escrita para una generación que ya no cree tan fácil.
Sin spoilers, solo vibes: es esa historia que no grita, que no corre, que se toma su tiempo. Y eso, hoy, se siente casi revolucionario.
Por qué amamos los clichés cuando están bien hechos
Hablemos claro: esta historia funciona porque no le tiene miedo a los clichés.
✔️ Amigos que claramente no deberían ser solo amigos
✔️ Viajes que funcionan como cápsulas emocionales
✔️ Conversaciones largas que dicen más de lo que aparentan
✔️ Timing incorrecto (porque siempre lo es)
✔️ Ese “si digo esto, todo cambia”
Son los mismos ingredientes de las romcoms 2000eras. La diferencia es el tono: más autoconsciente, más emocional, menos ingenuo… pero igual de efectivo.
Y aquí está la clave cultural: no queremos sorpresa, queremos sentimiento.
Queremos anticipar el final, pero disfrutar el camino.
Eso era exactamente lo que hacían las romcoms clásicas. Y eso es lo que esta historia recupera.



Porque estamos agotadas de historias que nos exigen estar alertas. De narrativas que confunden profundidad con sufrimiento. De contenido que parece competir por quién es más oscuro o más “importante”.
Las romcoms ofrecían algo que hoy casi no existe: descanso emocional.
Y en una época donde todo es análisis, crítica y sobreexplicación, una historia romántica que solo quiere hacernos sentir… se vuelve un acto cultural.
No es escapismo. Es pausa.
El efecto redes: edits y nostalgia
Si entras a TikTok lo vas a notar de inmediato: quotes, moodboards, clips, debates. No desde el hype vacío, sino desde la identificación.
La palabra que se repite una y otra vez es yearning.
Ese anhelo lento, contenido, casi doloroso, que definía a las romcoms de antes.
No queremos solo besos.
Queremos miradas largas.
Silencios incómodos.
Momentos que parecen pequeños pero lo cambian todo.
Y eso conecta brutalmente con una generación que vive hiperconectada, pero emocionalmente distante.
Tal vez el problema nunca fue que las romcoms pasaran de moda.
Tal vez fuimos nosotras las que dejamos de permitirnos creer.
Historias como Las personas que conocemos en vacaciones no vienen a salvar el género. Vienen a recordarnos por qué existía. Por qué nos acompañó. Por qué, incluso ahora, seguimos regresando a él.
Porque en el fondo —muy en el fondo— seguimos queriendo creer que el amor puede ser complicado, sí… pero también ligero, divertido y esperanzador.
Y quizás, solo quizás, eso ya es suficiente para volver a enamorarnos del cine romántico.
