Artículo completo en audio en este video:

Viralidad Sexy e irresistible.

Probando, una vez más, que la madurez mental de todos los que habitamos internet es apenas la de un mocoso de sexto de primaria, llega la canción prohibida del verano (o al menos en el hemisferio sur de nuestro continente, donde se viene un calorón que va a derretir más que el helado de la Michoacana).

“Predador de Perereca” —creada por Blow Records y Mc Jhey— utiliza la más fina y sofisticada inteligencia artificial para darnos un trend bailable que los hispanohablantes vamos a cantar como enajenados, hasta que por pura curiosidad morbosa queramos averiguar de qué demonios va esa letra tan pegajosa y fantástica…

…¿ya la revisaste?

Exacto. Es todo lo que tu madre necesitaría escuchar para lavarte la boca con cloro y cepillo de cerdas de alambre, y luego llamar al párroco de la iglesia más cercana para que te exorcice, con tal de expulsar de tu mente estas pecaminosas ideas y sensuales ritmos de la perdición brasileña.

¿Quién diablos es Blow Records?


Con 1,407,950 reproducciones en tiempo récord, Blow Records es un proyecto de música sintética que cobró relevancia en redes sociales por su innovación. Su propuesta consiste en revivir la magia de los años 60, 70 y 80, fusionando letras y ritmos para crear un puente sonoro entre generaciones. El resultado: obras atemporales que, según ellos, inspiran y despiertan emociones profundas en los amantes de la música. Según nosotros: rolitas que se clavan en la cabeza como un tatuaje mal hecho que nunca se borra.

Blow Records nos regaló una canción que estaremos bailando en los trends de TikTok un buen rato… hasta que la olvidemos como un cuernito abandonado en la arena, porque ya salió otro objeto brillante que perseguir en la playa infinita del algoritmo. Pero ojo: es importante entender por qué estas canciones con ritmos pegajosos funcionan, se pegan como chicle al cerebro y, aun después de descubrir su picante significado, nos gustan más. Es ese gustillo culposo que disfrutamos igual que las letras de reguetón que escuchamos a escondidas… o a todo volumen, solo para escandalizar a la tía persignada.

Inteligencia artificial y la fórmula del mame

Algo clave aquí es el uso de la inteligencia artificial para crear un tema perfecto y viralizable. En algún momento de su vida, el grandísimo genio de la música alternativa Damon Albarn —sí, el de Blur y Gorillaz— ya lo había dicho: hacer una canción pop predecible que todo el mundo quiera cantar no es un misterio, solo hay que encontrar la fórmula del mame. Y lo probó con Song 2, esa rola que no dice absolutamente nada, pero se queda tatuada en tu cerebro como si fuera la mejor canción que escucharás en tu vida.

Lo mismo aplicó con Gorillaz: una carrera entera basada en el principio de que, si algo es pegajoso, se repite hasta que todos lo amamos.

Blow Records, en cambio, nos ofrece una versión 2.0 de esa lógica, con un arsenal de música chatarra deliciosa, hecha con inteligencia artificial, que nos fascina de manera culposa. Y claro, solo es posible porque detrás hay un humano bastante retorcido que le pide a ChatGPT que arme esos temazos, acompañados de visuales también generados por IA, tan ridículamente buenos que terminan siendo arte puro en esta época donde ya lo habíamos visto todo.

Por que nos gusta la vitalidad picosita???

Un autor que encaja perfecto para explicar por qué las canciones “pícaras” o atrevidas nos parecen atractivas y se convierten en fenómenos virales es Simon Frith, sociólogo y crítico musical británico. Él ha estudiado ampliamente cómo el placer en la música no solo es estético, sino también social, identitario y cultural.

En su libro Performing Rites: On the Value of Popular Music (1996), explica:

«Music constructs our sense of identity through the direct experiences it offers of the body, time and sociability, experiences which enable us to place ourselves in imaginative cultural narratives.»
(Frith, 1996, p. 124)

En otras palabras, canciones provocativas nos atraen porque conectan con el cuerpo (lo bailable, lo sensual), con lo social (nos unen en un trend, un baile, un chisme) y con lo cultural (nos permiten sentirnos parte de una narrativa colectiva cool o transgresora).

Frith, S. (1996). Performing rites: On the value of popular music. Harvard University Press.