Pocas preguntas son capaces de arruinar una cena de amigos tan rápido como: «¿Pedimos una de piña?». En ese instante, la mesa se divide en dos bandos irreconciliables. Para unos, la combinación de la fruta ácida con el queso fundido es una genialidad del contraste agridulce; para otros, es un sacrilegio que debería estar penado por las leyes de la gastronomía italiana.
Pero, más allá de la animosidad que despierta en internet, existe una historia fascinante que pocos conocen: la pizza hawaiana no tiene nada que ver con las islas del Pacífico, sino con un pueblo gélido en Ontario, Canadá.

El origen: Un griego en el frío canadiense
La historia nos traslada a 1962, en la localidad de Chatham, Ontario. Allí, un inmigrante griego llamado Sam Panopoulos regentaba junto a sus hermanos el Satellite Restaurant. En aquella época, la oferta culinaria en Canadá era limitada y la pizza apenas comenzaba a ganar popularidad como un alimento «novedoso» que llegaba desde los Estados Unidos.
Panopoulos no era un purista. Su restaurante servía de todo: desde hamburguesas hasta comida china adaptada al paladar occidental. Fue precisamente esa exposición a la gastronomía china —donde la mezcla de sabores dulces y salados es una norma— lo que le dio la confianza para experimentar sobre la masa de pan.
Un día, por pura curiosidad y sin ninguna intención de iniciar una revolución cultural, Panopoulos decidió abrir una lata de piña en almíbar y esparcir los trozos sobre una pizza de queso y jamón. «Lo hicimos solo por el gusto de hacerlo, para ver a qué sabía», confesó Panopoulos en diversas entrevistas antes de fallecer en 2017. El resultado fue una explosión de sabor que, contra todo pronóstico, encantó a sus clientes locales.

¿Por qué «Hawaiana»?
En aquel entonces, lo «hawaiano» estaba de moda en Norteamérica. La estética Tiki, los cócteles con sombrillas y la fascinación por lo exótico dominaban la cultura popular de la posguerra. Ponerle ese nombre a la pizza no fue un homenaje geográfico, sino una estrategia de marketing instintiva para que un plato nuevo pareciera emocionante y tropical, a pesar de que afuera del restaurante la temperatura estuviera bajo cero.

El fenómeno viral: Un monstruo culinario
Lo que comenzó como un experimento en un pequeño local se extendió como la pólvora. En cuestión de años, la pizza hawaiana estaba en los menús de todo el mundo. Su éxito radica en el contraste de perfiles químicos: la acidez y el azúcar de la piña cortan la grasa del queso y el contenido de sal del jamón, creando un equilibrio que el cerebro humano, evolutivamente programado para buscar energía (azúcar) y electrolitos (sal), encuentra adictivo.
Sin embargo, la verdadera viralidad de la pizza hawaiana llegó con la era de las redes sociales. Lo que antes era una preferencia personal se convirtió en un test de personalidad digital. Se crearon memes, hilos interminables en Reddit y debates que llegaron hasta las esferas más altas del poder.

Un conflicto diplomático y presidencial
La polémica alcanzó su punto máximo en 2017, cuando el presidente de Islandia, Guðni Th. Jóhannesson, declaró ante un grupo de estudiantes que se oponía fundamentalmente a la piña en la pizza y que, si pudiera, la prohibiría por ley. El comentario se volvió tan viral que el presidente tuvo que aclarar en Facebook que no tenía el poder legal para prohibir ingredientes (aunque mantuvo su postura de que el marisco era un mejor «topping»).
Incluso el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, tuvo que salir en defensa del invento de su compatriota, publicando en Twitter: «Tengo un equipo que respalda esta deliciosa creación del suroeste de Ontario. #TeamPineapple».

¿Genialidad o sacrilegio?
Para los defensores de la tradición italiana, la pizza hawaiana es una ofensa porque rompe la simplicidad de los ingredientes frescos. Para los entusiastas del sabor agridulce, es una muestra de que la cocina es un ente vivo que debe evolucionar a través de la experimentación.
Independientemente de en qué bando te encuentres, no se puede negar el impacto de Sam Panopoulos. Su «monstruo culinario» demostró que la globalización gastronómica a veces nace de los lugares menos pensados. Un griego en Canadá, usando latas de piña inspiradas en una marca, logró crear un plato que hoy es básico en cualquier pizzería desde Tokio hasta Ciudad de México.
La próxima vez que veas una pizza hawaiana, recuerda que no estás ante un pedazo de Hawái, sino ante un pedazo de la historia de la inmigración y el atrevimiento canadiense. Y si decides comerla, hazlo con orgullo: después de todo, estás participando en el debate más delicioso del siglo XXI.
Si aún no has decidido de qué lado estás en esta ‘guerra de sabores’, este video te muestra por qué el debate sobre la piña en la pizza es el conflicto culinario que internet se niega a terminar.
