Cada 5 de enero, cuando la noche se vuelve expectante y los zapatos aparecen alineados junto a puertas y ventanas, la historia de los Reyes Magos vuelve a contarse como si fuera la primera vez. Melchor, Gaspar y Baltasar avanzan en el imaginario colectivo guiados por una estrella, cargando regalos y promesas. Sin embargo, entre los relatos que han sobrevivido al tiempo, existe uno que rara vez se menciona en voz alta, pero que late con fuerza en la tradición: Artabán, el cuarto Rey Mago.

Su historia no habla de llegar, sino de detenerse. No trata de coronas ni de homenajes, sino de compasión, sacrificio y un viaje que nunca terminó en el pesebre, pero sí en algo más profundo.

Los Reyes Magos: origen y significado

La historia de los Magos de Oriente aparece mencionada de manera breve en el Evangelio de San Mateo. El texto habla de “magos”, no de reyes, ni establece su número ni sus nombres. La palabra mago debe entenderse como astrólogo, un sabio capaz de interpretar las estrellas y anticipar acontecimientos.

Fue la tradición, especialmente durante la Edad Media, la que dio forma a la imagen que hoy conocemos. Se estableció que eran tres, en relación con los tres regalos: oro, incienso y mirra, y se les otorgaron los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Estas figuras se consolidaron en el arte, la literatura y la devoción popular, convirtiéndose en símbolos de fe, viaje y revelación.

La noche más mágica del año

El 5 de enero es una noche cargada de ilusión. Los niños escriben cartas, imaginan pasos en los pasillos y esperan que los Reyes Magos recorran el mundo dejando regalos. La tradición de dejar los zapatos tiene su propia leyenda: dos amigos del Niño Jesús, conmovidos por verlo descalzo, limpiaron sus propios zapatos y los dejaron fuera para que se secaran. Al amanecer, los encontraron llenos de dulces y obsequios, recompensa a su bondad.

Desde entonces, los zapatos limpios se convirtieron en símbolo de esperanza, generosidad y recompensa moral. Junto a ellos se deja agua y pan para los animales, y algún detalle para los Reyes, reforzando la idea de hospitalidad y gratitud.

Pero no olvidemos a Artabán, el cuarto Rey Mago

Pocos saben que según una antigua leyenda, no eran tres los Magos que siguieron la estrella. Artabán, un sabio de largas barbas, mirada profunda y corazón atento a los oráculos, vivía retirado en las cuevas del monte Ushita alrededor del año 4 a. C. Fue él quien, al igual que los otros magos, supo del nacimiento de un ser de luz destinado a traer redención.

Invitado por Melchor, Gaspar y Baltasar a reunirse en Borsippa, Artabán partió con tres regalos excepcionales: un diamante, un rubí y un jaspe, cada uno con propiedades simbólicas. Pero su viaje estuvo marcado por decisiones que lo alejaron del camino y lo acercaron al sentido más profundo del mensaje que buscaba honrar.

El viaje que se volvió destino

Antes de reunirse con los otros Reyes, Artabán encontró a un comerciante moribundo, despojado y golpeado. Sin dudarlo entregó el diamante destinado al Mesías para salvarle la vida. Llegó tarde a la cita y continuó solo, guiado por la estrella, hasta que su caballo murió en el desierto y tuvo que seguir a pie.

Cuando por fin llegó a Belén, no encontró al Niño, sino la matanza ordenada por Herodes. Ante un soldado dispuesto a matar a un pequeño, Artabán ofreció el rubí a cambio de su vida. El trato fue descubierto y el cuarto Rey Mago pasó décadas encarcelado, olvidado y envejecido.

Liberado ya anciano, ciego y agotado, Artabán volvió a ayudar por última vez. En Jerusalén vio cómo una joven era vendida como esclava y entregó su última joya, el jaspe, para liberarla. En ese momento, la tierra tembló y, antes de morir, Artabán escuchó una voz que le reveló la verdad: todo lo que había hecho por los demás, lo había hecho por el Mesías.

Artabán nunca llegó al pesebre, pero encarnó el mensaje que aquel niño traía al mundo. Su historia redefine la idea de fe: no como llegada, sino como camino.

La historia de los cuatro Reyes Magos nos recuerda que la tradición no es estática. Melchor, Gaspar y Baltasar representan la búsqueda; Artabán, el compromiso. Mientras los zapatos esperan regalos y las estrellas iluminan la noche, esta leyenda nos invita a mirar más allá del destino final. Tal vez la verdadera adoración no ocurre al llegar, sino en cada acto de compasión, entrega y justicia que transforma el viaje en sentido.

La historia de los tres reyes magos animada: