Hay artistas que pintan paisajes, hay otros que retratan frutas como si fueran la última Coca del desierto, y luego está Will Blood, un británico que dijo: “¿Y si le saco las tripas a Bart Simpson, pero bonito?”. Así nació su arte: caricaturas clásicas reimaginadas como si hubieran pasado por un scanner de aeropuerto poseído por H.R. Giger.


Blood no pinta, desviste. Te entrega a Bob Esponja no con sonrisa babosa, sino con costillas fluorescentes en tonos neón. Charlie Brown ya no es el niño deprimido de toda la vida, ahora es un cadáver colorido que parece portada de disco de punk californiano. La ironía: cuanto más mórbido se pone, más nostálgico resulta. ¿Moraleja? Nuestra infancia estaba condenada desde el principio, solo que Will la volvió galería.


La receta: pop, huesos y psicodelia
Lo fascinante es cómo Blood combina la estética limpia de las caricaturas con capas minuciosas de anatomía. Rosa chicle, azul eléctrico, naranja ácido: la paleta de tu tazo de los 90’s, pero aplicada a una calavera con ojitos de caricatura. Un contraste que pega como mezclar Choco Milk con mezcal: raro, pero funciona.
No se trata de gore barato; es sátira de la cultura pop, un recordatorio de que hasta los íconos que creíamos inmortales tienen vísceras. Spoiler: Mickey también se muere, aunque lo pongas en Disneyland de cristal líquido.



El circo de formatos
Blood no se limita a un lienzo. Se avienta serigrafías, esculturas en resina, murales gigantescos que parecen altar de Día de Muertos, pero versión MTV. Su obra funciona igual en el cuarto de un coleccionista millennial con dinero heredado, que en el feed de Instagram de alguien que todavía paga Spotify con tarjeta de regalo.
El tipo entiende la alquimia del presente: si no es reproducible en pantalla chica, no existe. Por eso sus contrastes funcionan: inocencia y podredumbre, risas y huesos, infancia y cementerio.


¿Por qué nos atrapa?
Porque en un mundo donde los algoritmos reciclan hasta la risa enlatada de Friends, ver a Bart Simpson desollado se siente fresco. Will Blood no solo juega con íconos, juega con la idea de la eternidad pop: ¿qué pasa cuando lo eterno se oxida? Su arte nos lo responde en technicolor: el mito sigue vivo, aunque el esqueleto ya esté en vitrina.
Así que la próxima vez que mires a Snoopy, pregúntate: ¿qué hay debajo? Si Will Blood te responde, será hueso fluorescente, y sí, lo vas a compartir en tus stories.



