BUENA DOSIS DE VIOLENCIA, DROGAS DURAS Y #SSC = SEXO PORCINO BIEN SABROSO.

Agrégale un par de violaciones lésbicas y rituales satánicos en medio del maizal del pueblo, y tendrás un viaje completamente orgiástico por la interpretación mexa de un universo punk: básicamente, lo que podríamos llamar el Mad Max mexicano.

Una joya… no, olvídenlo: una enorme, jugosa y deliciosísima joya de eso que algunos poserazos ahora llaman «cine maldito mexicano» o, peor todavía, «cine psicotrónico». #YaPárenleConEsasMamadas. Pero bueno.

La película fue dirigida por Francisco Guerrero, un argentino que, al parecer, estaba enamorado del cine australiano cargado de ultraviolencia a toda velocidad. Lástima que los presupuestos en México andaban al nivel de un taco de chicharrón del tianguis, porque si hubiera contado con el tiempo y el dinero necesarios, ESTA PELÍCULA HABRÍA SIDO ABSOLUTAMENTE LEGENDARIA.

El tipo hizo maravillas con prácticamente nada. Y si ves esta cinta pensando en todo lo que pudo haber sido, en lugar de juzgar únicamente el resultado final, entenderás perfectamente a qué me refiero.

Al momento de evaluar la calidad de este director, no te dejes contaminar por el esnobismo mexa, ese que hace que Jorge Ayala Blanco (uno de los principales responsables de que el cine mexicano jamás se convirtiera en una verdadera industria, en un negocio rentable o en una profesión de la que realmente se pudiera vivir) lo minimice o simplemente lo despache por debajo del radar.

Ten presente que este hombre dirigió más de 19 películas, una cifra francamente impresionante. Para todos los que estudiamos cine con la esperanza de impresionar chicas y vernos misteriosos en las fiestas, ese número es digno de toda admiración.

Ni siquiera quiero imaginar el poder de atracción que debía tener este director en aquellas noches de albercada, mientras se servía un Presidente en vaso highball y platicaba de cine como si el mundo le perteneciera.

LA TRAMA. ¿De qué demonios trata?

La historia gira en torno al caos apocalíptico desatado por una horda de autoproclamados señores de la guerra punk motociclistas, quienes controlan la carretera que conecta un par de pequeños pueblos rumbo a Valle de Bravo (aunque, en realidad, las locaciones apuntan hacia la carretera de Ixtapan de la Sal, por la zona de Tenango del Valle).

Estos punks desgraciados, muy al estilo de los chavos de la Anáhuac cuando se les acaba el Bacardí Blanco, siembran el terror entre los ingenuos habitantes de la región. La película también muestra cómo, tras la captura del líder machista y patriarcal de la banda, su hembra alfa (no es una forma de decirlo: ella misma se autodenomina así varias veces) mueve cielo, mar y tierra, e incluso recurre a sus supuestos poderes satánicos durante un extravagante ritual en medio de un maizal para rescatarlo de las corruptas autoridades.

Y, en esencia, eso es todo. No hay una trama mucho más profunda. Más allá del ritual satánico y de un par de intentos algo torpes de comentario social, la película funciona más como una pieza de performance que retrata una orgía de destrucción previa al fin del mundo.

Véanla y después me dicen si no tengo razón.

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Protagonistas de una Sensualidad Apabullante

Los líderes de la pandilla —que, al igual que los padres que nunca tuvo nuestra identidad nacional, resultan ser un luchador y una vedette— son los encargados de llevar el peso de esta locura cinematográfica.

El Fantasma (Tarzán) – Uno de los nombres más conocidos del pancracio mexicano. Un personaje del que, tarde o temprano, tendremos que hablar con calma porque su historia merece capítulo aparte.

La Princesa Lea (La Fiera) – A quien, para ser completamente honesto, juré durante buena parte de la película que era Wanda Seux, una de las reinas absolutas del cine de vedettes y, más tarde, del cine de ficheras; una auténtica joya olvidada de la cinematografía mexicana. (Me refiero a Wanda, no a la Princesa Lea… aunque, siendo justos, ella también es todo un personaje.)

Esta diva y virginal semilla del protofeminismo empoderado

Esta diva, esta virginal semilla de ese protofeminismo empoderado que, décadas después, nuestro gobierno AMLOver decidió pasar olímpicamente por alto, es una actriz canadiense que comenzó su carrera como se debía: en El Blanquita, bajo el padrinazgo del más macho entre los machos, el charro definitivo de México: VICENTE «MANOS DE SEDA» FERNÁNDEZ.

Ahí presentaba un espectáculo de comedia, magia y música en el que se bañaba desnuda dentro de una gigantesca copa de champaña, que, siendo honestos, representa la cúspide de la elegancia en un país donde alguna vez el pulque llegó a considerarse un lujo. Se movía con una gracia hipnótica, balanceando sus profanas y pecaminosas curvas con un magnetismo imposible de ignorar.

Una mujer que, con el paso de los años, conquistó la imaginación de toda una generación de mexicanos. Miles soñaron con ella y la inmortalizaron en los muros de talleres mecánicos, carnicerías, pollerías… y estoy casi seguro de haberla visto también en más de un confesionario, porque, al final del día, soñar todavía no es pecado.

En palabras de un punk sin miedo

Uno de los punks más temerarios e icónicos de toda la película —o, cuando menos, el dueño del mejor maldito corte de cabello del reparto—, Tito Guillén, declaró en una entrevista para Milenio:

«La verdad es que eran películas muy buenas: salvajes, violentas y muy divertidas, aunque haya quien diga lo contrario. Éramos una auténtica pandilla de punks mexicanos. Había como diez de nosotros con personajes bien definidos dentro de esa enorme banda que recorría las carreteras en motocicletas y triciclos motorizados adaptados con motores Volkswagen.

El director de la película, Paco Guerrero, nos dio total libertad para crear nuestros personajes. Nos puso dentro de una estética muy específica y cada quien salió completamente transformado. Yo creo que éramos unos punks con mucho de lo que años después se conocería como estética emo, mezclada con un toque gótico.

Cuando llegamos a filmar a Tenango del Aire, todo el pueblo se espantó al ver cómo íbamos vestidos y caracterizados. Pero en cuanto aparecieron los camiones de producción y las cámaras, entendieron que estábamos haciendo una película y se relajaron. Éramos una banda de punks mexicanos trabajando con los recursos que había en aquella época, incluyendo unas buenas botellas de alcohol durante las filmaciones nocturnas, porque, carajo, hacía un frío infernal.»

La música: no es punk… pero está muy chida

En el apartado musical, la película presume una banda sonora cruda y rasposa que le queda como anillo al dedo a toda esta historia. Entre sus temas destaca una auténtica joya de Three Souls in My Mind, encabezados por Charlie Hauptvogel, uno de los verdaderos pioneros del rock mexicano.

Y que no haya confusión: para ese momento Alex «chale, ¿qué onda con mi hija?» Lora ya no formaba parte del grupo. Se fue justo a tiempo… o en el momento indicado, dependiendo de a quién le preguntes.

Pero, por el bien de la historia del rock nacional, conviene dejar algo claro: Charlie es un ídolo, una auténtica leyenda para quienes realmente conocen la escena. Ahora bien, como existe una alta probabilidad de que seas un simple mortal millennial criado entre algoritmos y playlists de Spotify, es muy posible que no tengas la menor idea de quién demonios es.

Encore

Pero todavía no guardes la chamarra de cuero, porque esto apenas empieza. Si disfrutaste esta primera entrega, no puedes perderte la secuela.

Ahora la historia se convierte en una auténtica película de venganza. El policía protagonista de la primera cinta decide hacer justicia por su propia mano y comienza a repartir golpes a diestra y siniestra contra estos intrépidos EcatePunks, despachándolos uno por uno únicamente con los puños y un tolete, muy al estilo de Charles Bronson en Death Wish.

Y sí… tarde o temprano también escribiremos sobre esa película.

Siempre y cuando las drogas y el abismo existencial no nos pasen factura antes.

Ficha técnica

Dirección: Francisco Guerrero
Producción: Ernesto Fuentes
Fotografía: Alfredo Uribe
Música: Three Souls In My Mind
Edición: Jorge Peña

Reparto

Juan Valentín, Juan Gallardo, Ana Luisa Peluffo, El Fantasma, Princesa Lea, Martha Elena Cervantes, Alfredo Gutiérrez, Guillermo Lagunes, Olga Ríos, Laura Tovar, Andrea Aguirre, Rosita Bouchot, Ricardo Obregón, Ramón Blanco y Enrique Bermúdez.

País: México
Año: 1980
Duración: 88 minutos


Créditos y referencias

Entrevista cariñosamente «tomada prestada» de:

MilenioMemorias de un Intrépido Punk