Ganarle al sistema corporativo es el sueño de cualquier consumidor. Todos hemos intentado encontrar ese pequeño error en la página web que nos dé un descuento gigante, o esa falla en los términos y condiciones que nos beneficie. Pero en la historia de los negocios modernos, nadie ha logrado humillar financiera y legalmente a una corporación multinacional con tanta elegancia como Steven Rothstein.
Esta no es la historia de un fraude o de un hacker informático. Es el relato de un hombre que leyó la letra pequeña de una oferta desesperada, compró un boleto de avión con vuelos ilimitados de por vida y lo exprimió con tanta genialidad que obligó a American Airlines a contratar detectives privados para detener la hemorragia de millones de dólares.

Una inyección de liquidez desesperada
Para entender cómo una empresa puede cometer un error tan catastrófico, hay que mirar el contexto financiero de 1981. Estados Unidos atravesaba una crisis económica, las tasas de interés estaban por las nubes y American Airlines necesitaba una inyección masiva de capital en efectivo para financiar su nueva flota de aviones. Pedir préstamos a los bancos era demasiado caro, así que los ejecutivos idearon un plan que parecía brillante en papel: el AAirpass.
Por la astronómica suma de 250,000 dólares (casi un millón de dólares ajustado a la inflación actual), la aerolínea ofrecía un pase dorado. Quien lo comprara tendría derecho a volar en primera clase, a cualquier destino del mundo, las veces que quisiera, por el resto de su vida. Por 150,000 dólares extra, podías añadir un «pase de acompañante» para llevar a quien quisieras.
El análisis de riesgo de la empresa fue ingenuo. Los ejecutivos asumieron que solo los directores ejecutivos de las empresas de la lista Fortune 500 comprarían el pase y que, por sus apretadas agendas, volarían a lo sumo un par de veces al mes. Fue un error de cálculo monumental. No contaban con que alguien trataría este pase como un estilo de vida.

El rey de los cielos y el vacío legal
Steven Rothstein, un banquero de inversiones de Chicago, analizó la oferta en 1987 y vio lo que la aerolínea no pudo: una oportunidad matemática inigualable. Compró el pase principal y el de acompañante por un total de 400,000 dólares. A partir de ese momento, su vida dejó de transcurrir en la tierra.
Rothstein convirtió los aviones en su oficina, su sala de estar y su restaurante. Si le antojaba un sándwich específico para el almuerzo, volaba a Canadá, comía y regresaba a Chicago por la tarde. Si quería comprar queso fresco, tomaba un vuelo matutino a Suiza y volvía al día siguiente. No había límites. Para que te hagas una idea de la locura que fue su rutina, estos son algunos de sus impresionantes récords personales:
- Realizó más de 10,000 vuelos en total.
- Viajó a Inglaterra más de 500 veces.
- Voló a Tokio 120 veces y a Australia más de 70 veces.
- Acumuló la absurda cantidad de 40 millones de millas de viajero frecuente.
Y aquí radicaba el mejor vacío legal de todos: American Airlines le otorgaba millas de viajero frecuente por cada vuelo que tomaba con su pase ilimitado. Rothstein usaba su pase gratuito para ganar millas, y luego usaba esas millas para regalar viajes a otras personas.

El Robin Hood de la Primera Clase
Rothstein no era un ermitaño egoísta; de hecho, se convirtió en una leyenda en los aeropuertos. Como tenía el pase de acompañante, podía llevar a cualquiera con él. Si veía a una madre llorando en la terminal porque no podía pagar el vuelo para ver a su hijo enfermo, él la registraba como su acompañante y la subía a primera clase gratis.
Llevó a sacerdotes al Vaticano para ver al Papa. Voló a amigos, familiares y completos desconocidos a hospitales para recibir tratamientos médicos. Durante décadas, vivió una vida de filantropía aérea, todo financiado involuntariamente por los accionistas de American Airlines.

El pánico corporativo y los detectives privados
Todo este paraíso aéreo llegó a su fin en 2008. American Airlines estaba nuevamente al borde de la bancarrota debido a la crisis financiera mundial. Al realizar una auditoría interna estricta para recortar gastos, el equipo de finanzas descubrió un enorme agujero negro en sus balances.
Al analizar la cuenta de Rothstein, los analistas de la empresa palidecieron. Descubrieron que Steven le estaba costando a la aerolínea más de 1 millón de dólares anuales en impuestos, tarifas aeroportuarias y asientos de primera clase que dejaban de vender. A lo largo de los años, su pase de 400,000 dólares le había costado a la empresa más de 21 millones de dólares.
Desesperados por detener esta fuga de capital, American Airlines armó un equipo de investigación y contrató detectives privados. Su objetivo: encontrar cualquier infracción menor en el contrato de Rothstein que justificara la cancelación de su pase de por vida.

La trampa y el final del vuelo
Los detectives finalmente encontraron lo que buscaban. Descubrieron que Rothstein, en su afán por ayudar a la gente o asegurar su comodidad, a veces reservaba vuelos bajo nombres falsos (como «Bag Rothstein» para asegurar un asiento vacío a su lado) o hacía reservas de acompañante para vuelos que al final no tomaba.
En diciembre de 2008, Rothstein llegó al aeropuerto O’Hare de Chicago con un amigo, listo para volar a Bosnia. Al acercarse al mostrador, un empleado de la aerolínea lo estaba esperando con una carta redactada por el departamento legal. Su pase AAirpass había sido revocado de por vida por «actividad fraudulenta».
Rothstein demandó a la aerolínea, argumentando que ellos siempre habían sabido de sus métodos de reserva y nunca le habían advertido, pero debido a la posterior declaración de bancarrota de American Airlines, la demanda quedó en la nada. El hombre que vivió en las nubes tuvo que volver a poner los pies en la tierra, pero nos dejó una de las historias corporativas más fascinantes del mundo: una prueba viviente de que, a veces, el consumidor sí puede ganarle a la banca.
Si quieres ver un excelente resumen visual de cómo este hombre exprimió su pase dorado hasta las últimas consecuencias y provocó el pánico total en la aerolínea, te recomiendo este gran video del canal oye.
